viernes, 29 de julio de 2011

LA REPRESION SOCIAL


En los últimos meses hubo otros 9 muertos por represión a la protesta social:

En junio de 2010, un policía mató a un adolescente en Bariloche. Durante las protestas posteriores, murieron otras 2 personas.

En octubre de 2010 murió Mariano Ferreyra: en este caso la policía se mantuvo al margen, lo que permitió que lo asesinaran patotas sindicales.

En noviembre de 2010, un indígena quom y un policía murieron en un desalojo a esa comunidad, en Formosa.

En diciembre, en el desalojo del parque Indoamericano, en la Capital, hubo otros tres muertos.

jueves, 28 de julio de 2011

En México habrá condenas de hasta 60 años a femicidas

Ayer entró en vigencia la incorporación del femicidio al Código Penal y de Procedimientos Penales de la Ciudad de México, que establece sanciones de 20 a 60 años de cárcel para quienes por razones de género asesinen a una mujer. Esta nueva tipificación es una demanda de varios sectores del movimiento de mujeres en la Argentina y otros países del mundo, aunque aún no hay consenso sobre su eficacia. La reforma especifica los supuestos por los que se determinará que hubo razones de género, por ejemplo, cuando el cuerpo de la víctima presente signos de violencia sexual, se le hayan infringido lesiones infamantes o mutilaciones.
En nuestro país, la ONG La Casa del Encuentro registró 151 femicidios en la primera mitad del año, un 20% más en relación con el mismo período de 2010. En el 56% de los casos, el principal sospechoso fue la pareja de la víctima.

T521, la identidad de un aspirante

T521 es el nombre elegido por Nélida para que hablemos sobre su hijo de 39 años. No se trata de un robot ni de un auto. Se trata de una persona con trastornos de aprendizaje que figura desde hace cuatro años con esa cifra en el Registro Laboral Único de Aspirantes con discapacidades para empleo público. Una nómina creada en 2000 pero que hoy sería un agujero negro.
El lunes 4 de julio, Nélida y su hijo concurrieron a la oficina de la Comisión para la Plena Participación e Inclusión de las Personas con Discapacidad (COPIDIS) para postular a una oferta de empleo. “Buscaban un auxiliar de portería. Él puede hacer eso, trabajó de mecánico, también puede ser ascensorista, tiene registro de conductor”, contó la mujer de 68 años a Tiempo Argentino. El único puesto fue cubierto por otra persona y decenas se quedaron con las ganas. T521, también. Una vez más, desde el 4 de abril de 2007, recibió un “no” a sus necesidades de empleo. Nélida es jubilada y cuida sola de su hijo en una casa de Pompeya, luego de que su marido la abandonara. Su hijo vive medicado, largó los estudios en tercer año de secundaria, afectado por su discapacidad y hace changas cuando algún vecino rompe prejuicios. Agobiada por la situación, Nélida pidió dos entrevistas con Gabriela Michetti, luego de que el gobierno de la Ciudad hiciera caso omiso a su solicitud de audiencia del 11 de mayo de 2009. Ese día, T521 se llamó 3940555, el número que le asignaron a su reclamo en la mesa de entradas de Avenida de Mayo 591. Un número todavía más difícil de recordar.
La escena en COPIDIS se repite a diario con unos 15 aspirantes diarios. Su directora ocupará, desde diciembre, una de las bancas ganadas por el PRO en las últimas elecciones porteñas. Se llama Marina Klemensiewicz y fue directora de comunicaciones de la Fundación PAR. En una entrevista concedida al sitio ECOS de Actualidad, en noviembre de 2009, se refirió a la Ley 1502, sancionada en 2004 por la Legislatura, cuyo objetivo es regular la incorporación, en una proporción no inferior al 5%, de personas con necesidades especiales al sector público local. “De todos modos, nadie controla ni vigila su cumplimiento”, destacó Klemensiewicz. Su oficina tiene el 30% de empleados con discapacidad. Sin embargo, en el último informe de gestión que se presentó, en 2010, las estadísticas marcaron un promedio de 250 llamados, 200 correos electrónicos y más de 100 inscriptos por mes, pero los empleos conseguidos fueron sólo 82 en cuatro años. El resto de las áreas del gobierno de la Ciudad emplea el 2,36%. Muy lejos de lo que marca la ley.
Por el hecho, el abogado Santiago Barilá le ganó un juicio al gobierno porteño en 2009 pero fue necesario que, un año después, se presenten tres personas con discapacidad que estaban inscriptas en los registros para ejecutar el fallo. Estos tres nuevos actores de la causa “Barilá, Santiago c/GCBA s/amparo” fueron patrocinados por la Comisión de Práctica Profesional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que funciona en la ONG Poder Ciudadano, liderada por Hugo Wortman Jofre, letrado contratado por el Grupo Clarín. La abogada Varina Suleiman, por ese entonces, era profesora.
“La causa tiene sentencia definitiva en estado de ejecución”, contó Suleiman a este diario. El fallo del juez Lozano condena al Estado porteño a que se abstenga de designar personal por fuera del registro, ordena al jefe de gobierno informar lo resuelto a cada uno de los responsables de área de cada repartición, a la Legislatura y a la opinión pública mediante el boletín oficial, en uno de los diarios de mayor circulación en la Ciudad, por un medio de televisión abierta con sede en la Ciudad y por la emisora radial municipal. En estos últimos medios, el anuncio deberá ser por el término de un día en la franja de 21 a 22 horas. Del fallo sólo se cumplió el punto que obliga a informar a las dependencias ministeriales y la encargada fue la propia Klemensiewicz. Resta que la Ciudad cumpla lo otro en forma espontánea.

“No se nos da la oportunidad de desarrollar nuestras inquietudes o intereses”

Por María Isabel Ferreira Abogada. Defensoría General de la Ciudad.

Nací a mediados de siglo pasado, y a poco me atacó el virus de la polio. De familia obstinada en privilegiar mi recuperación, aceptó que me criara otra familia que me alentó no sólo a continuar severos tratamientos de rehabilitación, sino también a tomar mis propias decisiones y a manejarme de la forma más autónoma posible. Fui a escuelas públicas comunes y después a la UBA pero difícilmente el entorno me visualizaría como mujer, militante social, madre o profesional; apenas me ubicaba en una situación de desventaja física con un alto grado de superación personal, lo que me obligaba a someterme a las múltiples inaccesibilidades que me imponía el entorno, haciendo un doble esfuerzo para vencerlas.
A las personas con discapacidad no se les da la oportunidad de desarrollar sus inquietudes o intereses. Así, poder superar las limitaciones económicas que se derivan de los menores niveles educativos y del tradicional desempleo con que se ha distinguido al sector son las barreras más difíciles de eliminar. Busqué asesoramiento en las ONG dedicadas a la temática y de ninguna recibí alternativa alguna. Enterada de la existencia de la reserva legal del cupo laboral para personas con discapacidad en organismos públicos, recorrí todos los pasillos de la administración pública nacional y local sin resultados. Por ello, inicié una acción de amparo, y tiempo después, fui contratada por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, donde estoy a cargo del Área de Derechos de Personas con Discapacidad.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad nos enfrenta a un cambio de paradigma y de prácticas en torno a la discapacidad, enfatizando el rol de las mismas personas con discapacidad y sus organizaciones sociales en toda instancia de consulta y decisión en las políticas públicas que se implementen. De no asumirse este compromiso por parte de las mismas personas con discapacidad y la comunidad, como de los funcionarios públicos responsables de ejecutar aquellas políticas públicas, la inclusión social será sólo una expresión de deseos.

miércoles, 27 de julio de 2011

Barreras en el acceso a la fertilización asistida Por Alejandra Waigandt

En Argentina 1 de cada 6 parejas no puede tener hijos. Las técnicas modernas de fertilización asistida mejoran las chances de embarazo. Su cobertura por parte del Estado, las obras sociales y las prepagas comienza a ser garantizada en algunas jurisdicciones como la provincia de Buenos Aires. Una pareja entrerriana logró concebir a través de esta práctica médica, pero su testimonio dejar ver las dificultades que afrontaron durante 4 años frente al vacío legal y la falta de recursos.

Cuando Gisela Romero y Alfredo Hoffman decidieron tener un hijo, tenían claro que necesitarían recurrir a tratamientos de fertilización debido a una patología congénita que inhibe la ovulación conocida como síndrome de Kallman. Temían el desgaste que podría acarrear el proceso desde un punto de vista económico y también psicológico, pero después de más de tres años de intentos lograron concebir una niña que actualmente tiene 2 años.

Iniciaron los estudios correspondientes en el Prefer, un centro de reproducción asistida que funciona en la localidad bonaerense San Martín, a unos 500 kilómetros del domicilio que comparten en Paraná, provincia de Entre Ríos. La institución fue recomendada por una conocida que padecía el mismo síndrome. Comenzaron con procedimientos sencillos para estimular la ovulación, que en 2007 rondaban los 1500 pesos, pero no tuvieron éxito. Luego de dos intentos, el médico Gustavo Carti les recomendó un tratamiento de inyección del espermatozoide dentro del óvulo (ICSI), conocida como fertilización in vitro.

'Al proponernos este nuevo tratamiento, nos informaron que podíamos seguir con tratamientos de baja complejidad para ver si daban resultados; pero en ese momento pensé lo que significan en el cuerpo, el tiempo que nos llevaría y la poca seguridad de que realmente se logre un embarazo', dijo Gisela. La tasa de embarazo en los tratamientos de baja complejidad es de 15 por ciento anual, según la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida.

La técnica propuesta por el Prefer implicaba un gasto de 15 mil pesos. La pareja no podía afrontar ese presupuesto y recurrió al Instituto de Obra Social de la Provincia de Entre Ríos (Iosper), pero la obra social se negó a cubrir el tratamiento porque no figuraba en el Programa Médico Obligatorio (PMO). Como en muchas otras jurisdicciones, Entre Ríos no tiene un marco regulatorio en este tema, que por ejemplo considere la infertilidad una enfermedad y la incluya en el PMO. El Congreso de la Nación tampoco ha legislado el derecho a procrear in vitro (ver Debaten leyes sobre fertilización asistida).

Gisela y Alfredo recurrieron a la justicia para conseguir la cobertura. En esa oportunidad intervino la jueza Claudia Salomón. Sintieron preocupación porque se trataba de la misma magistrada que en 2007 había impedido que una joven de 19 años con capacidad mental infantil interrumpiera un embarazo producto de una violación. No obstante la jueza Salomón falló a favor de la pareja entrerriana y el Iosper tuvo que solventar el 60 por ciento del tratamiento; prestó el 40 restante a través de un crédito asistencial, que fue devuelto en cuotas hasta el año pasado.

'En el tema de la fertilización asistida hay algunos sectores que están en contra porque el embarazo no se produce de manera natural', explicó Alfredo. Justamente la oposición de los sectores conservadores y la desinformación vienen obstaculizando las acciones para legislar esta práctica médica, y también su normal funcionamiento, tal como ha denunciado la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva. Es por eso que la organización impulsa la sanción de leyes que sirvan de marco regulatorio para garantizar el acceso igualitario de toda la población a las técnicas de reproducción asistida.

Embarazados

Gisela y Alfredo lograron el embarazo durante el segundo tratamiento de alta complejidad –según la resolución de la justicia entrerriana, el Iosper debería cubrir hasta cinco intentos de concebir. En este caso utilizaron una técnica de ovodonación que costaba 21 mil pesos. Este tipo de tratamiento representa el 15 por ciento de los nacimientos, de acuerdo a la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida. En los casos de fertilización in vitro o ICSI la tasa anual de embarazo es del 35 por ciento.

'Fue complicado a nivel anímico. Estuvimos intentando ser padres durante casi 4 años. En ese tiempo parejas amigas y familiares tenían a sus bebés y para nosotros era muy duro tener resultados negativos. Cuando el tratamiento no resulta es frustrante y pasás varios meses penando por decirlo de alguna manera. La familia nos acompañó todo el tiempo, nunca sentimos que nos avasallaran, pero también había mucha expectativa. Por eso con el tiempo cambiamos de actitud, aprendimos que teníamos que ser más reservados y transitar el proceso más tranquilamente', recordó Gisela.

Como la infertilidad genera estrés físico, emocional y social, el Samer recomienda que un equipo interdisciplinario acompañe y guíe a los padres en la tarea de lograr el embarazo. Gisela y Alfredo recibieron esta misma propuesta, pero nuevamente la situación económica y la distancia entre la institución médica y el domicilio de la pareja los obligó a rechazar esa posibilidad.

El Samer aconseja asimismo acompañamiento en la misión de comunicar a los chicos su origen. Organizaciones de la sociedad civil como Concebir se suman a dicha recomendación. Es que en muchos hogares no se habla del tema, aún cuando en el mundo hay 3 millones de niños y niñas nacidas por técnicas de fertilización asistida, y en Argentina el número supera los 10 mil casos.
Gisela y Alfredo imaginan que será difícil hablarlo con su hija, pero ambos son militantes del derecho de la persona a la información y la identidad, según indicaron. Igualmente se preguntan de qué manera afrontar situaciones de estigmatización o la crítica. Cuando les fue recomendada la ovodonación, ambos se tomaron varios meses para tomar la decisión de realizar el tratamiento. 'En Argentina no hay leyes ni protocolos sobre las donaciones de óvulos. En el Prefer hay establecidos parámetros, uno es el resguardo de la identidad de la donante. Nosotros decidimos además que todos los óvulos de la donante fueran para nosotros', recordó Gisela.

Alfredo prefirió hablar de la paternidad: 'La vemos a nuestra hija y estamos muy orgullosos de todo lo que hicimos para tenerla. Incluso pensamos en la posibilidad de hacerlo nuevamente si vemos que podemos afrontarlo económicamente

Homicidio y odio a la orientación sexual

El proceso oral comenzó en un tribunal de Córdoba. Organizaciones por la diversidad sexual se manifestaron frente al tribunal. Sostienen que el crimen es consecuencia de la discriminación y el odio a la identidad de género.
¿Usted entiende lo que es discriminación? ¿Usted cree que sólo a mi hija la discriminan? A muchas de las chicas que están acá les pasa, van caminando y les dicen ‘ahí va la torta’, ‘ahí va la machona’. ¿Quiénes mataron a la Pepa Gaitán? Parte de la sociedad la mató, la sociedad que margina.” Graciela Vázquez de Gaitán todavía no podía hablarle directamente al acusado de haber disparado una escopeta calibre 16 contra su hija Natalia el 6 de marzo de 2010. Por eso su mirada apuntó al defensor de Daniel Torres. Le había preguntado sobre los antecedentes penales de su “gorda”, la había indagado en busca de indicios violentos en la personalidad de la Pepa, había insistido en busca de una fisura en ese perfil de persona solidaria y querida que se fue construyendo de la víctima a lo largo de la instrucción. Y por eso la madre se desprendió del guión de las preguntas y formuló las propias. “¿Sabe por qué la llevaron detenida la única vez que la tuve que ir a buscar? Por merodeo. Pero ella había ido de compras, entre sus pertenencias estaban las boletas que le hice buscar al comisario. La llevaron por discriminación, por portación de cara, ¿usted entiende lo que es discriminación?”

Esa palabra, de la que Graciela Vázquez conoce tanto su significado como sus peores consecuencias, será una constante en el juicio que se inició ayer en Córdoba contra de Daniel Torres, un albañil que ese mismo 6 de marzo en que disparó contra Natalia “Pepa” Gaitán, la novia de su hijastra, se entregó a la policía casi sin oponer resistencia. Porque esa palabra es el meollo de este juicio, aun cuando no haya ley todavía que agrave un homicidio cuando la discriminación que alienta a quien lo comete tiene que ver con la orientación sexual o la identidad de género de la víctima.

“Y eso es lo que tenemos que probar –dice Natalia Millisenda, abogada de la familia Gaitán–, que en el origen de la violencia que se descargó contra la Pepa había prejuicio, rechazo. A ella la mataron por ser lesbiana. Los jueces podrán tenerlo en cuenta o no, pero eso es lo que se está escuchando desde ayer.”

“Torres le disparó a mi hija con una escopeta para cazar animales, la trató como a un animal porque le causó rechazo. No sólo porque era el padrastro de su novia Dayana, también porque su mujer, Silvia, estaba enamorada de mi gorda. Ella era así, muy codiciada. Aunque desde chica sufrió mucho por el rechazo, porque la sociedad no la entendía. Nosotros, sus padres, sí. Por eso mi mensaje es para otros padres, para que vean a sus hijos y a sus hijas, para que no los rechacen, porque después se pueden arrepentir”, dijo Graciela Vázquez antes de sentarse en el lugar de testigo para volver a contar la historia de su hija. Esta mujer de poco más de 50 que se define como “trabajadora social sin matrícula desde hace 23 años, desde que los mayores de mis cinco hijos empezaron la escuela”, es una persona querida y respetada en su barrio, el Parque Liceo, en la periferia de Córdoba. Acostumbrada a lidiar con distintos poderes para conseguir unas cuadras más de asfalto, para que se levante una escuela digna en ese cordón humilde donde vive, para organizar una guardería en el barrio para las mujeres que no tienen con quién dejar a sus hijos e hijas; también sabía cómo poner el cuerpo cuando se daba cuenta de que discriminaban a su hija: “Bastaba que pasáramos un peaje en el auto para que nos pare la Caminera. Y ahí se quedaban mirando a la Pepa, dos horas, que su cara, que el nombre del documento, como si no entendieran que era la misma persona, ¿y a ellos qué les importaba? Mi hija se cansaba de buscar trabajo y nunca conseguía. Porque los chicos así nunca consiguen o consiguen trabajo de mulas, para llevar droga”, contó a este diario y también frente al tribunal. “Ella se deprimía mucho, la llevé a la psicóloga de chica, a los 12 o 13 años, pero le daban vueltas y vueltas y yo ya sabía lo que le pasaba, que era difícil primero enfrentar a su familia y después a la sociedad.”

Al mismo tiempo que la sala siete del Tribunal II abría las puertas para que se acomoden la familia y las muchas amigas de Pepa Gaitán, dispuestas a escuchar cada detalle de la audiencia, aunque con el temor de volver a encontrarse con el acusado por primera vez desde el escopetazo final, en las afueras de los tribunales, las banderas de siete colores que identifican a la diversidad sexual se plantaban señalizando un territorio propio. Organizaciones que llegaron desde Buenos Aires –como la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) o La Fulana–, desde Rosario –como Las Safinas, Vox y del Area de Diversidad de la municipalidad de esa ciudad– o de Tucumán –como Las Cruzadas– se reunieron en torno de la Radio Abierta que propuso la local Devenir Diverse y el Encuentro por la Diversidad, también de Córdoba, para amplificar lo que sucedía dentro del edificio: que casi por primera vez se estaba juzgando un crimen contra una lesbiana por el hecho de serlo. Un crimen de odio, aunque esa terminología no tenga todavía validez legal. “Sería muy importante que se incorpore a la legislación penal la figura del crimen de odio”, dijo Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina LGBT. “Estamos acá para apoyar a la familia y para que se sepa que éste no es un caso aislado, la violencia existe y es cotidiana. Más contra las personas trans y travestis –agrega Alejandra Portatadino, de la CHA– y en este caso también porque Pepa Gaitán tenía una identidad masculina y eso suele generar más rechazo.”

La primera audiencia del juicio por el asesinato de Pepa, como prefería que la llamaran, se inició con la lectura de la acusación que dio cuenta de la relación entre ella y Dayana Sánchez –hija de Silvia Suárez, pareja, a su vez, del acusado Daniel Torres–, de una discusión en la calle entre la madre de Dayana y una amiga de Pepa, de la intervención de Pepa para separarlas y de un disparo que irrumpió inexorable como la muerte sin que mediara palabra alguna. Cuando le tocó declarar a la amiga de Pepa, Gabriela Cepeda, la congoja tomó la sala. Con palabras sencillas y la voz quebrada, la joven contó que tomó la cabeza de Pepa, le pidió que no se duerma, que aguante, la depositó en el suelo y se fue contra Torres: “Si la matás a ella matame a mí también”, pidió, desesperada, aunque Torres ya se había subido a la moto para intentar huir. Después la defensa intentó demostrar con sus preguntas que tanto Pepa Gaitán como Gabriela Cepeda habían amenazado a la familia de Torres, pero no lograron que esa sensación se instale en la sala. Cuando declaró Silvia Suárez, madre de Dayana, aludió al modo en que la habían provocado: “Me decían cosas, que Pepa y Dayana estaban juntas, para burlarme”, pero no pudo dar cuenta siquiera de ningún otro insulto amenazante. “¿Por qué le molestaba que su hija tuviera una relación con la víctima?”, preguntó el fiscal Fernando Amoedo. “Porque antes mi hija tenía novio, era una persona normal, después le cambió el carácter”, dijo la testigo, y la defensa aprovechó para reforzar otro lugar común, el del amigo o la amiga diferente para justificar que no hay discriminación: “¿Usted sabía que Pepa era lesbiana?”. Suárez contestó que sí. “Y había dicho que eran amigas, o sea que usted aceptaba que fuera lesbiana.”

En esta primera jornada, el acusado se negó a declarar. No es su última oportunidad y la defensa se la reservó para más adelante para poner en práctica, por ahora, la estrategia de sentar la sospecha sobre la víctima, pidiendo, por ejemplo, que se incorporen a la prueba sus registros penales –antecedentes que ni siquiera llegaron a condena– o indagar sobre sus conocimientos de box o “vale todo” –un estilo de lucha libre–. A lo primero fue a lo que más firmemente se opusieron tanto la fiscalía como la querella. “Eso sólo podría suceder si estamos frente a una caza de brujas”, dijo Amoedo. “En este juicio no se está investigando a la víctima, sino al victimario, por lo tanto sí tengo objeciones”, se plantó Millisenda, abogada de la querella y obligó a que la decisión del tribunal quedara, al menos, en suspenso.

MAS CRIMENES CONTRA LAS MUJERES


Un relevamiento realizado por una asociación civil detectó 151 casos de mujeres asesinadas en los primeros seis meses de 2011. La cifra representa un aumento del 20 por ciento respecto del mismo período de 2010, cuando se registraron 126 casos.
María Laura Córdoba tenía 20 años. La asesinaron a golpes de puño y puntapiés en el pueblo de Villa Hipólita, Santiago del Estero. La ataron a un árbol y la quemaron con un hierro caliente. Como autor del feroz ataque fue detenida su pareja, un joven de 32 años que tenía denuncias de malos tratos y amenazas de muerte. El femicidio de María Laura ocurrió el 1º de enero de 2011 y fue el primero de los 151 asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres ocurridos en el primer semestre de 2011 en el país: seis femicidios por semana, de acuerdo con el relevamiento que lleva adelante la asociación civil La Casa del Encuentro, de los hechos publicados en más de un centenar de medios. El informe revela un crecimiento de los femicidios registrados de un 20 por ciento en relación con el mismo período de 2010. En el 56 por ciento de los casos, el principal sospechoso resultó el esposo, novio o ex pareja de la víctima. El estudio muestra que para la mayoría de las mujeres asesinadas por razón de género el lugar más peligroso fue su propia casa. Veintiséis de las víctimas habían realizado denuncias por violencia, pero la Justicia no logró protegerlas. Diecinueve murieron como consecuencia de ataques con fuego.

El registro lo lleva adelante desde hace tres años el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano, que dirige Ada Beatriz Rico y coordina Fabiana Tuñez. “El femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”, destacó Tuñez. El concepto fue desarrollado por la escritora estadounidense Carol Orlock en 1974 y utilizado públicamente en 1976 por la feminista Diana Russell, ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres, en Bruselas, recordó Rico. El Observatorio realiza el relevamiento de los casos publicados en las agencias informativas Télam y DyN y 120 diarios de distribución nacional y/o provincial.

Entre enero y junio de 2010 habían contado 126 femicidios; en el mismo período de 2009, 90. La cifra en el primer semestre de este año trepó a 151. En 58 casos, el imputado del asesinato fue el esposo, la pareja o el novio; en otros 27, el ex; en siete hechos, el padre o padrastro; en quince, otros familiares; en trece, vecinos o conocidos, en 32, personas sin vínculo aparente con la víctima. La investigación muestra que 26 de las mujeres asesinadas habían hecho denuncias por malos tratos. En al menos tres casos, la Justicia había dictado al agresor la exclusión del hogar.

–¿Hay algún dato que le llame la atención en este nuevo informe?

–Sí, en primer lugar la gran mayoría de los casos de mujeres incineradas siguen con las carátulas de “presunción de suicidio”. No se investiga a la persona que estuvo con ellas en el momento del hecho y en algunos casos no se los ha citado siquiera a declarar. También observamos la insuficiente asistencia integral a las víctimas de violencia de género tanto desde los dispositivos judiciales como en asistencia psicológica y de recursos. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires existen más recursos tanto de Nación como del gobierno porteño, pero no en el resto del país donde los recursos son insuficientes y en algunos casos casi nulos. En el primer semestre de 2010 las víctimas de femicidio que habían hecho denuncias fueron 17. Ahora, 26.

La mayor cantidad de femicidios ocurrieron en la provincia de Buenos Aires, la más poblada, donde se registraron 52. Una de las víctimas en territorio bonaerense fue Verónica Viviana Medina. Tenía 32 años. Falleció el 3 de febrero, luego de siete días de agonía en un hospital, donde llegó con el 70 por ciento de su cuerpo quemado. Fue detenida acusada del homicidio su pareja, de 32 años, quien la habría rociado con alcohol y prendido fuego. El ataque ocurrió en Wilde, Avellaneda, en el domicilio donde vivían. Medina fue una de las 19 mujeres que fallecieron en el semestre como consecuencia de gravísimas heridas al ser quemadas. El 4 de marzo murió Verónica Beatriz Manzanel. Tenía 33 años, vivía en San Jorge, Santa Fe. El relevamiento indica que murió por quemaduras, luego de que la rociaran con thiner y la prendieran fuego. El ataque sucedió en la vivienda que compartía con su esposo, quien también sufrió quemaduras. El hombre fue procesado por el delito de “homicidio agravado por el vínculo”. Aunque reconoció la autoría de la agresión, afirmó que “sólo tuvo la intención de asustarla”.

El informe describe otras modalidades de ataque: en 42 casos las víctimas fueron asesinadas a balazos; en 32, murieron apuñaladas: en 25, a causa de golpes; en once, por asfixia; en nueve, degolladas; en seis, estranguladas. Para la mayoría, su vivienda resultó ser más peligrosa que la calle: 86 fueron atacadas en su propio domicilio. En la calle y otros sitios, fueron asesinadas